viernes, 4 de agosto de 2017

Merecido descanso

Vida libre.
Deseo global de todos y cada uno de los humanoides que viven -que no es lo mismo que conviven- en este hermoso y, sobre todo, sufrido planeta.
Oportunidad que se nos brinda cuando tenemos unos días completos - con todas sus 24 horas- y, mucho más importante, seguidos y continuos, para poder hacer lo que más nos plazca, sea sentarnos en un sofá a buscarnos pelotillas en el ombligo, sea tostarnos como arenques sobre una incómoda y ardiente arena playera, sea pateando rincones urbanos o rurales, desconocidos para nosotros hasta ese momento y a los que hemos llegado tras horas sentados en asientos sobre gasoil o gasolina, raíles, mares u océanos o por los aires.
Lo esencial y necesario es realizarlo libremente, sin compromisos laborales ni de otro tipo, sólo por el placer de hacerlo, libremente vitales.
El sueño de todos. Vivir con libertad.

¡Felices vacaciones veraniegas!



lunes, 31 de julio de 2017

El inocente de Harlan Coben

Una noche, Matt Hunter intenta, ingenuo de él, mediar en una pelea, y acaba matando a alguien. Nueve años después, es un ex convicto que no da nada por descontado. Olivia, su esposa, está embarazada y los dos están a punto de comprar la casa de sus sueños. Pero una llamada angustiosa e inexplicable, hecha desde el teléfono de Olivia, hace pedazos por segunda vez la vida de Matt. Una historia complicada y tortuosa con una gran carga emocional que obliga a pensar en las repercusiones que determinadas decisiones tienen sobre las vidas de sus protagonistas.

Opinión: Digamos que estás en una partida de póquer. Las primeras cartas hacen que te dé un vuelco el corazón, aunque intentas disimularlo frente a los otros jugadores. Tienes una doble pareja de reyes y damas, y si te llega otra parecida puedes conseguir un full. Ves las caras de tus contrincantes pero no demuestran nada, como estatuas de cera, aunque, interiormente, sabes que esta partida es tuya. Dos de ellos pasan a la primera. Quedáis tres. Descartas una carta y esperas que se repartan las restantes. Una carta boca abajo frente a ti. La alzas lentamente y ves una preciosa Q en la esquina. El que se encuentra frente a ti sube la apuesta, que tú igualas. El tercer jugador pasa. El otro vuelve a apostar y tú igualas. No sabes por qué no subes tú. Estás demasiado emocionado. Presentas las cartas. Tu full brilla por sí solo. Te fijas en la cara de tu contrincante que, imperceptiblemente -¿o ha sido una sensación tuya?-, levanta la comisura izquierda de la boca, como un amago de sonrisa. Toma con exasperante lentitud sus cartas, las voltea y las presenta. Póquer de ases…
Leer El inocente ha sido lo mismo. Unos primeros capítulos fantásticos, geniales, incluso puedo decir que el prólogo es de los mejores que he leído en mi vida. Pero llegas a la mitad de la novela y las piezas del rompecabezas van uniéndose formando un dibujo que no se parece en nada al que pensabas que estabas haciendo; algunas no encajan pero Harlan Coben dice que sí y fuerza a que se unan entre ellas; y jode el dibujo, jode la lectura y jode la partida, y quieres llegar al final, principalmente para ver cómo sale del desaguisado, y lo terminas y dices que, bueno, a otra cosa mariposa, y minutos después lo has olvidado.
Y es una lástima. 

Dan Brown describió a Harlan Coben como el maestro moderno del agárrate y no te menees. Lo que no dijo es cómo agarrarse cuando los meneos son de tumbos esquizofrénicos.

Valoración personal (de 0 a 10): 6,6

sábado, 29 de julio de 2017

Entrdas: Elton John 1992


Fecha: Martes, 21 de julio de 1992
Hora: 22:30
Precio: 4.000 pts.
Lugar: Miniestadi F.C.Barcelona
Artista: ELTON JOHN

El concierto de Elton John, celebrado aquella anoche en Barcelona, estuvo a punto de suspenderse ante la negativa del cantante británico a que su avión particular aterrizase en el aeropuerto de Girona-Costa Brava. Aviación Civil denegó la petición de vuelo para utilizar el aeropuerto de Barcelona por no haberse efectuado con la suficiente antelación. La dirección del aeropuerto barcelonés rechazó la petición de John de aterrizar en la capital catalana a las 19 horas por coincidir la llegada de su avión con la de varios vuelos de líneas regulares programados con anterioridad. Las autoridades aeronáuticas le ofrecieron la alternativa de aterrizar en Girona, para posteriormente permitir que el avión le recogiese en Barcelona. Los representantes del cantante se negaron hasta el último momento a utilizar el aeropuerto gerundense y amenazaron con suspender el concierto. Finalmente, el avión Hawker de matrícula británica GJOMGE tomó tierra en Girona poco después de las 7 de la tarde.

El Mini Estadi del Barcelona registró esa noche un lleno absoluto para presenciar el regreso a la ciudad de Elton John. El precio de las 20.000 entradas puestas a la venta 4.000 pesetas no había sido obstáculo para que el público barcelonés llenara hasta la bandera el recinto de Les Corts para aplaudir al cantante y pianista británico en el último concierto de su gira española.
El artista, que llegó a Barcelona procedente de Niza, adonde regresaba a dormir cada noche después del concierto de turno, presentó las canciones de su disco más reciente, The One, el primero que el cantante había grabado desde Sleeping with the past, editado en 1989. Ese mismo año, Reginald Kenneth Dwight, verdadero nombre de Sir Elton Hercules John, realizó la última de sus cuatro visitas a Barcelona, para cantar en el Palau d’Esports.

El periplo español de su gira europea, que había iniciado el 26 de mayo en Oslo, lo había llevado a Madrid, Sevilla, Oviedo y La Coruña, pero sin el apoyo de lujo de Eric Clapton, que lo había acompañado en los conciertos ofrecidos por el pianista en varias ciudades europeas. Pero los músicos que viajaban con John le aseguraban un sólido acompañamiento. La banda estaba formada por Dave Johnston, guitarrista que llevaba trabajando con John durante 20 años; el batería Charlie Morgan y el teclista Guy Babylon, que ya estuvieron con el pianista en 1989; y dos nuevos instrumentistas, el bajista Bob Birch y el teclista Mark Taylor. Nathalie Jackson, Mortonette Jenkins y Mariena Jeter, tres coristas que también acompañaron a Elton John en su última gira, volvían a dar apoyo vocal al cantante inglés.
Después de la actuación del guitarrista Tomatito, que le hizo de talonero durante toda la gira española, Elton John inició el concierto con Don’t let the sun go down on me, el tema que grabó a dúo con George Michael y que se había convertido en un gran éxito.
   Durante dos horas y media, el autor de Crocodile rock combinó sus últimas composiciones con sus temas clásicos e interpretó canciones como Saturday night’s allright for fighting, Sleeping with the past, Rocket man, Your song, You gotta love someone, Good bye yellow brick road, Daniel, Harmony, Candle in the wind y Nikita.
   Elton John se elevaba. La plataforma se convertía en un ovni, un brazo articulado acercaba el cantante al público. Sonaron los primeros compases de The one, recordando que el diseño escénico y vestuario de esta gira había sido realizado por Gianni Versace.

Además de las tradicionales camisetas, el principal artículo de promoción del concierto y del disco era un video con el que Elton John pretendía ofrecer algo nuevo a sus seguidores. La cinta, que sólo se vendió en los recintos donde actuó el pianista, pretendía ser un recuerdo y artículo de coleccionista y contenía grabaciones de los ensayos de la actual gira, una entrevista con John, otra con Versace y varias canciones del álbum The one. Marketing y divismo ante todo. Pero, por estos motivos –y por otros- Elton John es un sir de la música.

miércoles, 26 de julio de 2017

Equilibri de Blaumut

Yo estuve en Canet Rock. Estuve en el concierto donde Lluís Llach cantó por primera vez Campanades a mort con su emocionante assassins de raons i de vides. Fui testigo de las correrías policiales tras salir de un concierto de la Elèctrica Dharma. Disfruté de los Sopa de Cabra en Zeleste. Fui… joder, ¡parezco ya el replicante de Blade Runner recordando la puerta de Tanhauser!
Pero, reconozcámoslo, tengo una edad.

En el 2012 un grupo de chavales de Barcelona se daban a conocer en el mundo discográfico con su primer trabajo, titulado El turista, donde ya empezaban a demostrar un especial sentido de la producción, añadiendo a los típicos instrumentos del pop-rock, arreglos para cuerdas, y temas como Bicicletes o Pa amb oli i sal, sonaban con cierta insistencia en las emisoras catalanas.
Tres años más tarde, Xavi de la Iglesia, Oriol Aymat, Vassil Lambrinov i Manel Pedròs, volvían a unirse para crear su segundo trabajo, El primer arbre del bosc, donde demostraban los fuertes pilares que habían insinuado en su anterior álbum y sus composiciones se hacían mucho más globales, apartándose del típico pop-rock de barretina que tanto había inundado la música en Catalunya en las últimas décadas, y canciones como Amsterdam, Cartes de l’orient o Passes la página en blanc te dejaban con una sonrisa en los labios deseando que este grupo tuviera un buen futuro.

Y ese futuro ha empezado a llegar este año con la publicación del tercer disco, Equilibri, donde Blaumut ya se ha convertido, en mi opinión, en uno de los mejores grupos que han existido en nuestro pequeño país, con unas composiciones que bien podrían haber firmado grupos anglosajones, unos arreglos y unas producciones dignas de la mejor mesa de mezclas y unas baladas que la piel de pollo se conecta casi de inmediato con temas como el instrumental El camí dels elefants o cantados como Atlàntida, Houston, Equilibri o Demà donde la voz de Xavi nos lleva a través de letras con carne y alma y las cuerdas del cello y el violín de Oriol y Vassil, respectivamente, nos remueven las entrañas.
Deseo que el futuro próximo de Blaumut siga teniendo la venia de las musas y que mis oídos puedan escuchar sus composiciones.

Valoración personal (de 0 a 10): 8,9

lunes, 24 de julio de 2017

El misterio de la mosca dorada de Edmund Crispin

Las compañías de teatro suelen ser siempre un hervidero de habladurías. Pero pocas son tan intrigantes como la que se encuentra actuando en estos momentos en Oxford. La joven y letal Yseut, actriz algo mediocre y maliciosa, es el centro de todas las miradas, aunque su principal talento consiste en destrozar las vidas de los hombres que la rodean. Hasta que es hallada muerta en extrañas circunstancias. Por fortuna, entre bastidores se encuentra el excéntrico profesor Gervase Fen, quien halla mayor placer en resolver crímenes que en enseñar literatura inglesa. Y cuanto más investiga el caso, más cuenta se da de que todo aquel que conocía a Yseut habría sido candidato a asesinarla; pero ¿será capaz Fen de descubrir quién lo hizo en realidad? El cadáver de la joven ha dejado una pista reveladora: una reproducción de un extraño anillo en forma de mosca dorada. Este es el primer caso del extravagante y genial profesor de Oxford y sabueso aficionado Gervase Fen, y una de las cumbres de la Edad Dorada de la novela de detectives inglesa.

Opinión: Reconozco que en ocasiones soy muy sarcástico. Quizás sea un arma de defensa frente a la hipocresía y el cinismo que impera en este maravilloso mundo. Puedo llegar a reconocer igualmente que soy hiriente, especialmente cuando me tocan a conciencia los… puntos suspensivos y me los retuercen como si estuvieran intentando desenroscarlos de mi cuerpo. Y, finalmente, mea culpa, puedo ser un envidioso nato; aunque de esta particularidad creo que no se salva ni Dios.
¿Y a qué viene todo esto os preguntaréis? Pues bien, confieso que me ha salido mi vena sarcástica cuando leo que el personaje de El misterio de la mosca dorada, y de otras novelas de Edmund Crispin, Gervase Fen, está considerado uno de los mejores personajes detectivescos de la historia de la literatura inglesa, y que éste título en concreto es uno de los referentes de la literatura detectivesca de mitad del siglo pasado, me lleva a ser particularmente hiriente con la crítica literaria.
¿Y la envidia? Jode decirlo pero llevo escritos dos libros, los cuales son considerados muy buenos por todos sus lectores pero, al ser un autor novel y haberlos editado a través de una pequeña editorial, no se han podido hacer ni siquiera un pequeño hueco en el mercado. Después lees libros como El misterio de la mosca dorada, una joya de la literatura según críticos y me repatea los higadillos, por decirlo suavemente.

Valoración personal (de 0 a 10): 4,9

viernes, 21 de julio de 2017

Entradas: Pet Shop Boys 1991


Fecha: Miércoles, 22 de mayo de 1991
Hora: 21:00
Precio: INVITACIÓN
Lugar: Palau Sant Jordi
Artista: PET SHOP BOYS

Chris Lowe y Neil Tennant, miembros fundadores de dúo Pet Shop Boys, la más perfecta máquina de música bailable de las últimas décadas del siglo pasado, debutaban en Barcelona con un concierto en el Palau Sant Jordi, presentando su espectáculo Performance.
El espectáculo no era sólo una a recreación de sus canciones de éxito, sino un show en el cobraban protagonismo la tecnología y la coreografía.
La triunfal carrera artística de Neil, un ex periodista de revistas para fans y Lowe, un taciturno estudiante de arquitectura había cimentado en las grabaciones discográficas y los videos formas de expresión de una gran creatividad. Durante toda su carrera habían considerado las giras como lo más aburrido del mundo. Por este motivo sus apariciones en escenarios habían sido muy escasas.
Actuaban en entregas de premios, programas de televisión o como invitados en conciertos ajenos, pero no se decidían a ponerse de verdad ante el público.
Tras reconocer que eludían los escenarios por dos motivos: no entrar en el juego de los grupos de rock que, según ellos, utilizaban los conciertos como reafirmación de su condición de músicos de verdad, y el riesgo económico que suponía para ellos llevar de gira un montaje muy elaborado, fruto de sus ideas teatrales, su cambio de actitud se produjo dos años atrás cuando decidieron probar con una pequeña gira por Japón, Hong Kong y algunas ciudades británicas y, tras describir la experiencia como divertida se vieron inmersos en una gira muy exitosa que les había llevado por Estados Unidos, Japón y diversas ciudades europeas.

Y para llevar a cabo su espectáculo Performance, los Pet Shop Boys contaron con los servicios de diversos especialistas en dirección y montajes operísticos, como David Alden, David Fielding, Martin Duncan y Charlie Edwards. La puesta en escena se realizaba con la colaboración de dos músicos, un guitarrista y un teclista que controlaba dos docenas de samplers, sintetizadores y otros instrumentos electrónicos, y tres vocalistas adicionales, más una decena de bailarines.
Cada tema que interpretaron contó con su peculiar escenografía y coreografía, pero con un nexo común, una continuidad argumental, como si se tratase de una comedia musical.

El espectáculo, dividido en dos partes, recogió canciones como This must be the place I’ve waited years to leave, It’s a sin, Losing my mind, What have I done to deserve this?, My october symphony, l’m not scared, So sorry I said, So hard, How can you expect to be taken seriously, To face the truth, Where the streets have no name, Jealousy o Always on my mind.
Abundó el material de su último álbum, Behaviour, pero no faltó atención a sus éxitos anteriores, y sin olvidar su labor de productores de otros artistas, recuperando piezas interpretadas por Liza Minnelli y Eight Wonder.

En general, un concierto completo, aunque he de decir, que tras conocerlos personalmente, decidí juzgarlos como músicos y dejar su carácter personal fuera de este escrito. De haberlo hecho al revés, el resultado hubiera sido muy distinto.

miércoles, 19 de julio de 2017

Love and hate de Michael Kiwanuka

Cuando se habla de la complicación del segundo disco, se puede tomar como ejemplo a Michael Kiwanuka, un joven –recién cumplidos los treinta- que, de hecho, ha dejado pasar cuatro años desde la edición de su primer álbum, Home again. Según sus propias palabras “un bloqueo de escritor y un poco de ansiedad”, así como tener que superar la inquietud que provoca haber editado un solo álbum y ser el elegido para abrir los conciertos de la gira de Adele han llevado al músico de raíces ugandesas, pero nacido en Londres, a ir a las raíz de su alma aterciopelada y crear una obra que sabe cómo envolver al oyente en una dulce telaraña de sonidos redondos y sensuales que contrarrestan amargas letras que tocan temas de la injusticia racial y/o social. No es casualidad entonces que el primer single elegido fuera Black man in a white world con su ritmo roto y esas palmas obsesivas que acompañan a la voz, situada entre el canto y la declamación. Pero iniciar la escucha con el primer tema, Cold Heart, de casi diez minutos de duración, con una introducción orquestal maravillosa que te va llevando hacia los recovecos emocionales que Michael Kuwanuka crea en todos y cada uno de los surcos del disco. El resultado es que, inevitablemente, te llega a la mente las notas del What’s going on? de Marvin Gaye, con un cuidado por los arreglos que te demuestra que, frente a ti, se encuentra un artista que sabe lo que hace.
Michael Kuwanuka hace que su Love and Hate te humedezca los sentimientos y que sus diez canciones las escuches con un placer que va creciendo a lo largo del disco; y en un momento en el que nadie inventa nada, es muy importante conocer que hay alguien que aúna el saber y la sensibilidad en una mezcla donde prima la auténtica inspiración.

Valoración personal (de 0 a 10): 8,7

lunes, 17 de julio de 2017

El último paraíso de Antonio Garrido

La realidad no era exactamente como la habían soñado.
En 1929, el joven y avezado Jack Beilis conducía su propio automóvil, vestía trajes a medida y frecuentaba los mejores clubs de Detroit. Pero la brutal crisis que aquel año azotó América lo arrojó, junto a millones de compatriotas, al hambre y la desesperación. Desahuciado y perseguido por un oscuro crimen, embarcará junto a su amigo Andrew hacia la legendaria Unión Soviética, el idílico imperio en el que cualquier hombre tenía derecho a trabajar y ser feliz, sin sospechar los extraordinarios avatares que les tenía reservados el destino. Inspirada en hechos reales, con El último paraíso Antonio Garrido funde magistralmente thriller, amor y novela histórica en la dramática epopeya de un superviviente en un mundo dividido. Un formidable fresco de una época convulsa que dio un nuevo rumbo a la historia.

Opinión: En el 2013, el título que consideré el mejor que había leído aquel año fue El lector de cadáveres de Antonio Garrido, y ya tocaba leer el último libro publicado por el autor nacido en Linares.
El último paraíso se llevó el XX Premio de novela Fernando Lara y la trama de la novela, por su originalidad, me atraía mucho y, vaya por delante, no me ha decepcionado nada. Seguir los vaivenes y acontecimientos de trabajadores estadounidenses que se arruinaron tras la depresión del 29 en su país y decidieron seguir el sueño ruso –en yuxtaposición a la derrota del propio sueño americano-, sin darse cuenta que salían de la sartén para caer en las brasas.
Pero hay algo que me chirrió desde que se fue adentrando la novela en los acontecimientos descritos, y es la predisposición del personaje principal, Jack Beilis, a convertirse en el inmortal. ¿De verdad un personaje puede padecer tanto y no morir en el intento? ¿Realmente algún hombre puede encontrarse en tantas ocasiones entre la espada y la pared y, curiosamente, en cada ocasión, en el momento que la espada va a clavarse en el cuerpo, la pared desaparece y a otra cosa mariposa? Ciertamente, llega un momento que sientes ojeriza hacia ese tipo, ¡es imposible que pueda ser tan mesías, hostia! ¡Que sólo le falta andar sobre las aguas! Y me da la sensación que no soy el único al que le ha ocurrido porque, sin  explicar nada del desenlace de la novela, ¡seguro que a más de una y de uno se le ha dibujado una sonrisa y ha alzado las cejas leyendo las últimas páginas!
Pues eso.

Valoración personal (de 0 a 10): 7,2

viernes, 14 de julio de 2017

Entradas: Kitaro 1989


Fecha: Miércoles, 22 de febrero de 1989
Hora: 22:00
Precio: 2.000 ptas.
Lugar: Studio 54
Artista: KITARO

El compositor e intérprete Kitaro, un exquisito músico japonés adorado en su país y reconocido en Estados Unidos, pero cuyo trabajo resultaba todavía minoritario en muchos países europeos, hacía su presentación en Barcelona con un concierto en la discoteca Studio 54, que había sido acondicionada especialmente, con sillas en la pista, para que el público pudiera disfrutar con más comodidad de la oferta musical.

De Kitaro, que llevaba más de 20 años en la música, sólo se conocía en España el trabajo que había realizado componiendo e interpretando la banda sonora de la serie televisiva La ruta de la seda, que ya daba la medida de su talento. Sin embargo, el resto de la obra del japonés, que utilizaba la electrónica más sofisticada para poder dar salida a todas sus ideas, pero sin perder por ello calor humano, permanecía prácticamente inédita.

Que Kitaro es un gran músico se sabía por las referencias de sus discos y quedó todavía más claro cuando se le vio en el escenario rodeado de toda clase de sintetizadores y teclados, sacándoles partido, o dirigiendo a sus colaboradores. Que su música tiene densidad y está profundamente elaborada, rica en sonoridades y pretensiones, también quedó evidente. No fue de extrañar que, ante una oferta musical así, la mayor parte de la asistencia –unas 1.500 personas que conseguimos llenar el local- nos mostráramos complacidos y viviésemos el largo concierto del japonés como una ceremonia de iniciación de una forma superior de expresión creadora.

En mi caso, como no tengo que presentarme a darle mi opinión a ningún ejecutivo de la multinacional del país del sol naciente que patrocinó el acto, del mismo modo que tampoco tengo afanes elitistas, he de decir que la oferta de Kitaro me resultó ligeramente aburrida, extremadamente fría y calculada, y, en alguna ocasión, nada original.

miércoles, 12 de julio de 2017

The burning spider de Parov Stelar

Lo digo claro y conciso… ¡qué bueno es el puto Parov Stelar!

Y lo alucinante es que lo llevo diciendo desde el 2013, año en que escribí por primera vez de este fantástico músico austríaco llamado Marcus Füreder pero mundialmente conocido como Parov Stelar, cuando describí su trabajo The princess como hipnótico y hechizante.
Pues bien, Parov Stelar ha vuelto a hacerlo, y el álbum que ha editado este año, The Burning Spider, es… inclasificable en su conjunto pero adictivo todos y cada uno de los temas que lo configuran. ¡Es que no hay ni un puñetero tema malo!

Empecemos el disco con el tema que da título al álbum, The burning spider, con la increíble voz del músico de blues Lightnin’ Hopkins y una armónica que, literalmente se introduce entre tus neuronas y es imposible no mover los pies con ese ritmo que es pura droga. Seguimos con Step two, interpretada por Lilja Brown y presentando una nueva inyección de adrenalina, el cuerpo ya nota los síntomas parovianos. Llega Soul Fever Blues, con la increíble voz de Muddy Waters y un ritmo que, si no te has enganchado al disco en este instante es que no eres de este planeta. Y si no tenías bastante con eso, escucha la joya titulada Everything of my heart. No tengo palabras para describir este tema, sólo piel de gallina y hormigas en la punta de los dedos. La voz de Lightnin’ Hopkins nos devuelve al blues más enérgico, aderezado con unas trompetas que ayudan a alzar el vuelo. Un impass vigoroso titulado All grown up nos lleva a uno de los famosos temas erótico-vintage-festivos que han hecho famoso a Parov Stelar, titulado Mama Talking, hasta otro tema bajo la batuta vocal de Anduze que nos lleva a terrenos más actuales. El primer descanso no llega hasta el noveno tema del álbum, Beauty mark, cantado también por Anduze pero, en esta ocasión, llevándonos por un sendero pausado pero con una base muy hermosa.
¡Y vuelve la fiesta en la fase final del más puro y auténtico electroswing de Parov Stelar! Marcus Füreder nos quiere ver agotados y no cejará hasta conseguirlo. Cuba libre, con la voz de la fallecida Mildred Bailiey, una de las cantantes de la Paul Whiteman Orchestra, famosa en los USA de los años treinta, nos lanza de nuevo a la pista de baile con un tema que bien podría haber llevado al agotamiento puro y duro a los participantes de la película de Sydney Pollack, Danzad, danzad malditos, para pasar a Black Coffee con la voz de Wingy Manone, trompetista que le dio la base a Glenn Miller para su famoso riff de trompeta del tema In the mood.
El sudor nos inunda pero nuestros pies no quieren que nos demos un descanso; y llega el último tema del álbum, The ride, una fusión perfecta del electroswing de los años treinta que nos ha acompañado en los últimos momentos, pero dando más protagonismo a la electrónica, sea en modo trompeta o teclados. En definitiva, un final apoteósico de uno de los mejores álbumes de este año, perdón, de esta década, perdón, ¿de éste siglo?

Valoración personal (de 0 a 10): 9,7