viernes, 28 de abril de 2017

Entradas: Chris Rea 1988


Fecha: Jueves, 10 de marzo de 1988
Hora: 22:30
Precio: 2,300 ptas.
Lugar: Studio 54, Barcelona
Artista: CHRIS REA

En los dos últimos años había crecido mucho la popularidad de Chris Rea en España, lo mismo que en otros países europeos. Sus dos últimos álbumes, On the beach y Dancing with strangers, habían tenido un gran impacto comercial y canciones como On the beach, Let’s dance o Qué será se escuchaban frecuentemente en las emisoras de radio; por ellos, era de esperar que la primera visita a Barcelona del artista nacido en Middlesbrough atrajese una respetable cantidad de público a su concierto, pero lo cierto es que se produjo un pinchazo y la discoteca Studio 54 resultó más que suficiente para reunir a algo más de un millar de público.

Pero Chris Rea no se amilanó por el hecho de que el local no estuviese a reventar y nos ofreció un concierto tan impecable y efectivo como fue capaz, con duración más que suficiente como para interpretar todas las canciones que los asistentes deseábamos escuchar y bajo una calidad fuera de duda. Compositor bastante inspirado y notable intérprete, Chris demostró que sus temas no son sólo agradables canciones, sino que tienen, además de una chispa comercial, una magia especial.

Se acompañó de los músicos Kevin Lauch a los teclados, Martin Ditcham a la batería y percusión, Jerry Donahue secundándole en las guitarras, Edghan O’Neill al bajo, Davey Spillane a la flauta y Max Middleton a los teclados, y todos ellos le ayudaron a bordar una fantástica sesión de agradable pop rock.

jueves, 27 de abril de 2017

Sant Jordi 2017: La ilusión



¡Más vale tarde que nunca!

Muchas gracias a todos los que pasaron por el stand de LARMbooks en el paseo de Gracia durante el pasado Sant Jordi y me regalaron un día inolvidable.

Gracias a todas las lectoras y lectores que me afirmaron haberse emocionado con mis libros y me animaron a continuar con esta aventura de la escritura.

¡Vosotros sois Sant Jordi!

miércoles, 26 de abril de 2017

Fink's Sunday Night Blues Club

La carrera de Fin Greenall se desarrolla como una imagen inversa a la típica historia musical; un DJ y pionero de la música electrónica, durante la última década ha estado en un viaje al pasado acústico y americano y su último álbum, editado hace pocos días, se decanta hacia el puro blues, haciendo que las cuerdas de su guitarra se rasguen con el sentimiento cien por cien blues, dejando que su voz permanezca como el sello inconfundible de su aura, una voz que a cien leguas de distancia sigue siendo mágica, hipnótica y adictiva.

Hard believer, Sort of revolution, Perfect darkness, Biscuits for breakfast, discos que me han calado hondo desde la primera vez que escuché al fantástico músico de Brighton, y al que tuve el inmenso placer de ver en directo, gozando tema a tema durante las dos horas de concierto. Mención aparte, Horizontalism, el álbum editado en 2015 y donde, me imagino, quiso dar un giro arriesgado a su estilo y compuso un disco que, a fuer de ser sinceros, es una absoluta ida de olla casi imposible de escuchar.

Afortunadamente, el barbudo Fink ha decidido dejarse de composiciones post-futuristas y, volviendo a su precioso redil de composiciones perfectas y arreglos mínimos e impecables, nos regala un disco con tonos blues, crudos y etereos. She was right, Boneyard y Hour Golden son temas para escuchar una y otra vez, sin pausa, con sentimiento y corazón abierto.

Valoración personal (de 0 a 10): 8,2

lunes, 24 de abril de 2017

Galveston de Nic Pizzolato

Alto, corpulento, con barba y melena, sombrero de ala ancha y botas de cowboy, el texano Roy Cody lleva unos años ejerciendo de matón profesional en Nueva Orleans. Roy es un tipo tranquilo, comprensivo, capaz de ver el lado filosófico de las cosas, lo cual no le impide ser implacable cuando la ocasión lo requiere. Pero su vida da un giro radical el día que le diagnostican un cáncer avanzado. De pronto, sus puntos de referencia se trastocan, y el relieve de la realidad cobra una nueva dimensión. Ante la sospecha de que su jefe, el poderoso extorsionador Stan Ptitko, quiere quitárselo de encima, Roy se despoja de sus ataduras e inicia una frenética carrera hacia un horizonte desconocido, donde su encuentro fortuito con una joven desamparada le brindará, tal vez, la ocasión de darle un nuevo sentido a su existencia.

Con una historia trepidante, ambientada en paisajes desolados y protagonizada por personajes que huyen pese a saberse condenados, antihéroes que lo han perdido todo excepto la dignidad, Galveston es el debut como novelista de Nic Pizzolato.

Opinión: Decidí comprarme la novela sólo con ver quien la escribía, Nic Pizzolato, el creador de la fantástica serie televisiva True Detective. Ya sé, que la primera temporada fue muchísimo mejor que la segunda, que el dúo interpretativo de Matthew McConaughey y Woody Harrelson superaba con creces el formado por Colin Farrell y Vince Vaughn, pero, digan lo que digan, la segunda temporada tenía un guion de la hostia, a pesar que fue escrita y realizada bajo presión de la cadena HBO.
La novela me atrapó como la serie, desde el inicio. Los personajes de Roy y Rocky, la relación que se establece entre ellos casi en plan road movie, teniendo siempre presente la enfermedad de él; Tiff, la niña de cuatro años, Stan, Carmen,…, como un elenco estelar de primeras figuras en un TV serie, Galveston avanza sin cortes de cámara ni montajes al uso por una carretera cubierta de accidentes vitales, de moscas aplastadas en el cristal delantero del automóvil y de cenicero repleto de colillas nauseabundas, pero con la ventanilla bajada y la música sonando por los altavoces, en una comunión íntima y dura entre el bien y el mal.

Valoración personal (de 0 a 10): 8

domingo, 23 de abril de 2017

viernes, 21 de abril de 2017

¡Nos vemos en la Diada de Sant Jordi 2017!



El próximo 23 de abril, Diada de Sant Jordi, me podréis encontrar en el stand de LARMbooks (frente al paseo de Gracia 65, entre Valencia y Mallorca), firmando ejemplares de los dos primeros libros de mi Trilogía canalla de Barcelona, El pañuelo es un mundo y Más vale pájaro en mano que morir de pie. Tengo ganas de veros. ¡Os espero!









Entradas: Rick Wakeman 1993


Fecha: Martes, 23 de marzo de 1993
Hora: 22:00
Precio: 2.500 ptas.
Lugar: Zeleste Sala II
Artista: RICK WAKEMAN

Rick Wakeman, teclista del histórico grupo de rock sinfónico Yes, se presentaba en la sala Zeleste a las 10 de la noche. Wakeman, un virtuoso del teclado de 42 años, actuaba acompañado de su hijo Adam Wakeman, Alan Thompson y Tony Fernández.

La visita de Wakeman se realizaba entre la edición de dos de sus peores discos –aunque, seamos sinceros, ¿cuántos buenos discos había editado el bueno de Rick desde mediados de los setenta?-, el que se había publicado dos años antes bajo el título 2000 A.D. into the future, y el editado dos años después bajo el rimbombante nombre de The seventh wonders of the world. Quizás por esta razón, su visita despertó muy poco interés ya que, entre público y los escasos representantes de la prensa,  apenas se alcanzó la mitad del aforo de la sala 2 de la mítica sala Zeleste.
Y era lógico, porque si el rubio músico británico ya protagonizó un sonoro pinchazo en un concierto en Badalona en los 70, cuando estaba en la cúspide de su popularidad y egocentrismo, ¿cómo va a atraer a las masas ahora, en los 90, cuando poco tiene que aportar en el aspecto creativo y sólo puede recurrir a su habilidad técnica?

Wakeman ni siquiera se mostró espectacular, pero tocar, lo que se dice tocar, tocó bien, porque un músico como él, prodigioso desde niño, no pierde habilidad con el paso del tiempo, aunque ya no tenga el poder de seducción de su etapa juvenil. Pero bien poco era lo que podía ofrecer de estimulante tan habilidoso músico, porque su repertorio llevaba años con una carencia absoluta de originalidad. El resultado fue un puro empacho de teclados.

¿Por qué fui, entonces, al concierto? Sencillo, era Rick Wakeman, el que había puesto los teclados en mi adorado Space Oddity de David Bowie, o el que creó obras maestras con Yes, o el que compuso The six wives of Henry VIII, The myths and legends of King Arthur of the round table y Journey to the centre of the Earth. ¿Suficiente? No. Lo cierto es que me regalaron la entrada y no utilizarla habría sido una enorme estupidez.

miércoles, 19 de abril de 2017

Under the shades of violets de Orange Blossom

Sensual, cautivadora y en movimiento, son algunos adjetivos con los que definiría la música de Orange Blossom.
En el cruce entre la música electrónica y la música oriental, los álbumes del grupo de Nantes nos ofrecen un impresionante viaje entre paisajes –tanto interiores como externos- que nos proporcionan efluvios de una calidad exquisita.

A diferencia de otros álbumes del género, el elaborado trabajo que realizan todos y cada uno de los miembros del grupo, no permite que se construya un muro que separe ambos estilos sino que, con una coordinación inseparable, se complementan el uno al otro, enriqueciéndose hasta límites emocionantes.
Hacía diez años desde la edición de su anterior trabajo, titulado Everything must change y, sin perder esa seducción de los ritmos orientales, el nuevo álbum, titulado Under the shades of violets, está mucho más trabajado, con una ambientación mucho mejor producida y un sentimiento a flor de piel en algunos de los temas, como Ommaty, Lost, Maria o Jerusalen, entre otros.
Under the shades of violets es un disco donde cada canción te invita a efectuar un trayecto entre aromas de pimienta dulce, té a la menta y flor de azahar, por medio de una sucesión ininterrumpida de canciones originales y marcados con una huella: trip hop de bajo pesado, trance africano con riffs nerviosos, violines entretejidos con voces de pura pasión, dejándote un placer por seguir descubriendo.

Valoración personal (de 0 a 10): 8,3

lunes, 17 de abril de 2017

El lémur de Benjamin Black

John Glass acaba de recibir un encargo de su suegro, el multimillonario agente de la CIA William Mulholland: a cambio de un millón de dólares deberá escribir la biografía del magnate. Para ello se pone en contacto con el investigador privado Dylan Riley, un hombre con excepcional parecido a un lémur. Pero el lémur no sólo conoce los secretos de las negociaciones de Bill con Fidel Castro y la ayuda que prestó a Salvador Allende, sino otro secreto que podría acabar con la relación de familia de Glass, su esposa Louise y el mismo Big Bill.
El lémur fue concebida inicialmente como una publicación por entregas en The New York Times.

Opinion: Frase que se publicó al editarse el libro: El lémur está destinado a convertirse en un clásico, con todos los ingredientes básciso del género policíaco: chantaje, adulterio, asesinato y traición.
Vayamos por partes, punto uno: ¿es el lémur o el lémur?, porque yo siempre había pensado que era con acento en la e y, ahora resulta que leo artículos de este libro bautizándolo como el lémur.
Punto dos: si esta pregunta es lo que más me ha intrigado del libro tras haberlo leído, ya puede uno imaginarse lo que ha llegado a impactarme su lectura.
Por si no ha quedado claro, y mencionando una sola palabra: nada.

Sí, hay un crimen, diversos sospechosos y un periodista detective que es quien lleva el peso de la investigación, al final te enteras de quién es el culpable –y no niego que tiene su interés-, pero los ambientes, los personajes, las tramas, las pistas, en definitiva, el libro en sí es un escrito que, una vez cierras la contraportada, ya estás pensando en otra cosa. Lo siento, Benjamin Black, pero esto es lo que hay.

Valoración personal (de 0 a 10): 6,5

viernes, 14 de abril de 2017

Entradas: Bryan Ferry 1994


Fecha: Jueves, 6 de octubre de 1994
Hora: 22:00
Precio: 3.500 ptas.
Lugar: Chis Studio Barcelona
Artista: BRYAN FERRY

Bryan Ferry presentaba su último disco en solitario, titulado Mamouna, un trabajo totalmente original con referencias urbanas e influencias árabes que había tardado varios años en acabar y en el que se había reencontrado con sus antiguos compañeros de la legendaria formación Roxy Music, el saxofonista Andy Mackay, el guitarrista Phil Manzanera y el co-fundador del grupo y teclista, Brian Eno, aunque en el concierto no estaría presente ninguno de ellos sino que estaría acompañado por Stephen Arthur Ferrone (batería), Guy Fletcher (teclados), Neil Hubbard (guitarra), Chester Kamen (guitarra), Melvin Lee Davis (bajo) y David Williams (guitarra), banda mayoritariamente negra y músicos de probada solvencia, junto a dos corista (Gabrielle Ann Goodman y Audrey Lucille Wheeler) con trajes ligeramente horterillas pero con una voces increíbles.

De telonera actuó la cantante de soul Leena Conquest.

Hubo una escasa venta anticipada, pero la venida de Bryan Ferry atrajo finalmente a un buen número de seguidores que casi llenamos la sala y que, entregados al carisma de Bryan, quizás no percibimos hasta el día siguiente la realidad del concierto: el sonido fue lamentable.

Ver a Bryan Ferry en el escenario, con su traje impecable, sus cabella despeinados a la perfección, moviéndose como sólo sabe hacer él –con menos gracias que un pavo al trote pero que, incluso, parece elegante-, gesticulando, cantando con su seductora languidez y haciendo esas caras tan singulares –es cierto, de cerca parecía que realmente estaba oliendo mierda-, nadie puede discutirle a mister Ferry que tiene estilo incluso cuando suda, y que ha sabido forjarse una imagen renovada de crooner, pero en su contra, repito, tuvo que sus temas no pudieran escucharse como una estrella del pop rock como ella merece.

Pero Bryan Ferry triunfó, quizás porque sus fans ya nos sentimos embriagados con verlo. Sí, Ferry triunfó, y dijeran lo que dijeran los críticos, no fue porque ya no tiene nada que demostrar, porque casi trece años más tarde de aquel concierto, cada vez que sé que va a editarse un nuevo trabajo suyo, yo ya estoy haciendo cola.